Lily parecía estar enferma, con las cejas fruncidas en forma de luna. Hacía más de una semana que no veía a Darryl. No había vuelto a casa, ni había llamado. Unas cuantas veces, Lily había estado tentada de llamarlo, pero recordó lo que había pasado en la sala.
‘¿Por qué es un hombre tan egoísta? ¿De verdad tengo que llamarlo yo primero? Ah, da igual, ¡déjalo!’, pensó mientras entraba al vestíbulo.
Al entrar en el vestíbulo, sintió que algo no andaba bien. El personal de la recepción solía l