LA FUENTE PÚBLICA
El vestidor del "penthouse" en Manhattan ya no era una jaula dorada; era una armería. Elena se encontraba en el centro del vasto y minimalista espacio, mientras los duros LED del techo se reflejaban en filas de impecable ropa de diseñador, pesadas blusas de seda y trajes sastre estructurados. Durante meses, había sacado ropa de estos estantes con un sentido de profunda desconexión, vistiendo un cuerpo que sentía que no le pertenecía, bajo la atenta mirada de un esposo a quien