El cerrojo de la caja fuerte en el despacho privado de Julian no parecía mecánico. Era un panel de acero cepillado empotrado en los paneles de caoba detrás de su escritorio, que brillaba con una luz azul suave y pulsante. Sin números. Solo una interfaz digital en blanco.
Se paró frente a ella, con la respiración superficial en la habitación silenciosa. Julian se había ido hacía cuarenta minutos, llamado de regreso a la torre corporativa por una llamada frenética de su equipo legal. El edificio