El agarre en su muñeca era doloroso. Los ojos de la detective Vance, duros como el sílex, se clavaron en los suyos. La mujer claramente esperaba que ella se quebrara.
"Se acabaron los treinta segundos", siseó Vance. "Quieres ver el interior de una caja de hormigón por el resto de tu vida, o quieres un trato?"
Su corazón retumbaba contra sus costillas, pero su mente comenzó a acelerarse, fría y distante. Si ella era una estafadora, este era su juego. Si era la hermana gemela inocente, esta era l