Rodrigo corrió hacia ella adelantándose, —Magnolia, la rosa es mi regalo de disculpa, espero que puedas perdonarme.
Magnolia frunció el ceño y habló, —¿no te lo he dejado claro? No me caes bien.
¿Qué pasó con ese tal Rodrigo?
Rodrigo seguía sosteniendo la rosa en su mano, —Magnolia, acabo de explicárselo también a tu hermano y él puede entender lo que hago, así que le demostraré a tu hermano mi sinceridad de que soy quien puede darte la felicidad.
Magnolia miró incrédula a sus dos hermanos y pri