La mujer estaba asustada y dijo, —Vale, me voy, no te enfades. Esperaré a que estés de vuelta en Ciudad Sur y entonces hablaremos.
La mirada de Roberto cargaba frialdad, en realidad sentía que ya no había nada de que hablar.
Mientras no superara su límite, en realidad podía aguantar todo lo que hacía su novia, pero ahora que su prima estaba involucrada, no podía soportarlo.
El hombre respondió en voz baja y solo pudo enviar a la loca de vuelta a Ciudad Sur por el momento, no fuera que se quedara