Magnolia aún estaba un poco extrañada cuando oyó la voz, pero olió un perfume muy penetrante.
Casi le echó un frasco de perfume por todo el cuerpo.
Aunque no reconoció la voz, pero al oler el perfume, adivinó quién venía.
Magnolia volvió la cabeza y, efectivamente, vio a Alexandra llegando a la fiesta con la señora Vargas, vestida con todos sus lujos.
Alexandra seguía usando aquel penetrante olor a perfume, temerosa de no saber qué llevaba.
Alexandra era al menos la hija de una familia poderosa,