Por fin, podía dejar que estas dos vieran que ya no era la pobre persona que solía ser.
Magnolia se dio la vuelta y vio a Rosalía, sintiendo al instante que el mundo era realmente pequeño, encontrando casualmente un restaurante para comer y encontrándose realmente con estas dos personas, sintiendo al instante que se le quitaban las ganas de comer.
La señora Vargas le dijo con fiereza, —cómo puedes aparecer por aquí, ¿no deberías volver a quedarte dentro de la cárcel?
Rosalía contestó con desdén,