Apretó los puños David, —¡Bastardo, suéltala!
Ricardo miró de reojo a David y frunció el ceño, —tú tampoco la toques.
—Ricardo Vargas, ¿no me obligas a pegarte?
David se cabreó al instante y fue a tomarla, —¡bájala tú!
—¡No, quítate de en medio!
Ninguno de los dos hombres retrocedió, el ambiente era extremadamente tenso.
En ese momento Magnolia se despertó, abrió los ojos y vio a dos hombres de pie frente a frente, estaba emparedada en el medio y sintió una frialdad.
—Oye, ¿puedo decir algo?
Amb