Punto de vista de Leila
Caminaba de un lado a otro en la celda fría y oscura, con la mente acelerada por pensamientos de escape. La traición de Antonio aún dolía, sus palabras resonaban en mi cabeza: *“Eres una prisionera, Leila. Nunca saldrás de este lugar.”*
De repente, la puerta chirrió al abrirse y Antonio apareció frente a mí, una sonrisa astuta extendiéndose por su rostro.
—Vaya, vaya, vaya. Mira lo que tenemos aquí. La pequeña rebelde, encerrada y completamente indefensa.
Lo miré con furia, mi ira y mi odio ardiendo más fuerte con cada segundo que pasaba.
—Pagarás por esto, Antonio. Te lo juro.
Él rió, con los ojos brillando de diversión.
—Oh, estoy temblando de miedo, Leila. Pero por ahora, te dejaré salir de tu jaula. Solo por un ratito, claro está.
Señaló la puerta y dudé, sin saber qué hacer. Pero la perspectiva de libertad, por breve que fuera, era demasiado tentadora como para resistirme. Salí de la celda, mis ojos ajustándose a la luz más brillante del pasillo.
Pero mi l