Chloe
Más tarde esa misma noche no podía dejar de pensar en lo que había pasado en la biblioteca. Todavía me dolía el cuello donde Alex me había mordido, y cada vez que me movía sentía la humedad pegajosa en las bragas. El cuerpo me seguía zumbando. Me decía a mí misma que debía irme a la cama y fingir que nunca había ocurrido, pero los pies me llevaron por el pasillo hasta su habitación. La casa estaba en silencio total y a oscuras. Nuestros padres seguían fuera, pero no dejaba de preocuparme