El amanecer en la Toscana entró en la suite 204 sin pedir permiso, atravesando los ventanales con una luz dorada tan nítida y resplandeciente que habría hecho las delicias de cualquier fotógrafo de bodas con predilección por los filtros idílicos. Sin embargo, dentro de la habitación, el diseño de la realidad acababa de sufrir una colisión de datos de proporciones apocalípticas.
Iris fue la primera en registrar el cambio en el sistema. Antes de abrir los ojos, su cerebro empezó a recibir señales