36 - No quiero saber nada de ellos.
Julián estaba apoyado contra su coche, justo frente a la imponente mansión de los Ferrer, con los brazos cruzados y una expresión tranquila, aunque sus ojos denotaban la vigilancia de alguien que estaba siempre alerta. Había recibido el mensaje apenas unos minutos antes.
“Lucas, el pequeño hijo de Clara, estaba haciendo de las suyas otra vez.”
Desde el incidente del secuestro, Julián había asumido su rol de protector con una seriedad inquebrantable. Alejandro, su mejor amigo, se lo había pedido