Capítulo 12 — La Revelación y la Calma Antes del Torbellino
Narrador:
Mickaela se quedó inmóvil, la mano en el pomo de la puerta, mientras trataba de calmar el torbellino de emociones que se arremolinaba en su pecho. Finalmente, giró la llave y abrió con fuerza. Kael estaba allí, apoyado contra el marco, su figura bañada por la luz tenue de la tarde. Llevaba una chaqueta de cuero que acentuaba su actitud despreocupada, pero sus ojos traicionaban algo más: una intensidad que la hizo estremecer.