Me había molestado tanto el llegar tranquilamente al apartamento y ser atacado por aquellos pequeños bribones, pero ya había aprendido de antemano que no importa cuanto intente contraatacar, ellos siempre se les ocurre algo para fastidiarme de una manera peor, así que no dije absolutamente nada.
Me metí a darme una ducha para quitarme la pestilencia que me había seguido por todo el pasillo, me había servido también para poder calmar los deseos de venganza que poco a poco crecían en mi interior