Antonella regresa a la habitación con el corazón hecho pedazos. No alcanza a creer aún lo que sus ojos acababan de ver, ¿Albert y su cuñada? Aquella perversa situación le provocó náuseas y tuvo que ir al baño para vomitar.
En tanto, en la sala principal, Robert sujeta de ambos brazos a Raquel, mientras con sus labios y lengua acaricia su cuello.
—Suéltame, Robert. No quiero que me toques. —dice apartándose de él, bruscamente.
—Eres mía, me perteneces, Raquel. No pienso dejar que Albert te