POV de Diego
Me acerqué a Adriana, mirándola sin ninguna pizca de compasión. Sus manos temblaban en su regazo, y sabía que estaba intentando contener sollozos más fuertes. Pero las lágrimas seguían cayendo, una por una, humedeciendo sus mejillas ya enrojecidas.
“¿Sabes por qué estoy tan enojado?” le pregunté con un tono más bajo pero igual de cortante. “Porque creí que eras lo suficientemente inteligente como para no caer en una trampa tan estúpida como esta. Pero estaba equivocado.”
Adriana se