Charlotte lloraba quedamente en la casa de los Taylor. La luna de miel había sido una amarga experiencia para ella, Reginald se había dedicado a beber todos los días que duró el viaje, haciendo que ese lapso de tiempo fuera lo más parecido a un infierno.
Su flamante esposo bebía hasta que tenían que sacarlo de los locales y llevarlo hasta la suite que habían tomado en un lujoso hotel en una isla de Grecia, las pocas veces que habían compartido la cena siempre se las arreglaba para terminar ante