Como llovió, conduje lentamente. Conduje durante unos veinte minutos cuando vi un paraguas rojo brillante al frente. Un hombre alto caminaba lentamente bajo el paraguas.
Lo pensé un rato y decidí detenerme a su lado. Él me notó, así que se hizo a un lado y miró fijamente mi coche. Abrí mi ventana y le ofrecí amablemente: “¿Quieres que te lleve? Puedo llevarte cuesta abajo".
Como el hombre iba a pie, amanecería para cuando él terminara de bajar de la montaña. Yo iba en coche, el cual estaba vac