Cuanto más Isabelle pensaba en Cedar, más mal se sentía por él.
La habitación de Cedar era pequeña. Su cama tampoco era muy grande; medía un metro y medio y estaba colocada muy cerca de la ventana.
Isabelle lo empujó hacia la cama. Los dos estaban estrechamente entrelazados y abrazados mientras ellos permanecían en silencio.
Isabelle apoyó su cabeza contra el pecho de él y pudo escuchar los latidos de su corazón. El ritmo era muy potente y claro.
Isabelle se preguntó por qué ella no se habí