Alguien me tomó de la cintura por detrás.
Yo seguía gritando: "¡Segundo Hermano! ¡Segundo Hermano! ¡Segundo Hermano! ¡Lo siento mucho! ¡¿Segundo Hermano, dónde estás?! ¡Todo es mi culpa por ser tan débil e inútil!!".
Estaba a punto de perder la cabeza, ya que no era capaz de soportar el hecho de que no lo podía ver más.
"Señorita, déjame ayudarte".
Me calmé por un breve momento cuando escuché la voz de Lucas. Lo miré a los ojos y le dije: "Siempre he vivido con dolor y angustia. Mi mente ha