En realidad, yo sí sentí que le había hecho daño.
Lucas ya sabía mis pensamientos reales sin que yo lo dijera. Un hombre así era realmente aterrador.
Le solté las manos y le dije: “Aun así, tengo que darte las gracias. No necesitabas ayudarme, pero igual lo hiciste".
Hice una pausa y agregué: "Sin embargo, soy sincera sobre lo que dije antes. Espero que hayas tenido una vida feliz todos los días".
"Bel".
De repente, escuché una voz familiar detrás de mí. Me di la vuelta y vi quién era. Lueg