‘¿A qué demonios acabo de acceder?’, se preguntó Savannah en silencio. Su rostro estaba ardiendo y su pecho se agitaba dramáticamente. Se aferró a Alexander con fuerza mientras enterraba su rostro a un lado de su cuello.
Antes, cuando Alexander le preguntó si ella quería que él durmiera en el sofá, ella terminó sugiriendo que les vendría bien acurrucarse esa noche y tal vez durante el resto de las noches mientras él estaba en Dublín.
Él la estaba cargando en estilo de princesa, caminando apres