Los ojos de Kate se abrieron. Hizo una mueca, dándose cuenta que su teléfono estaba vibrando. Aún media dormida, revisó el tiempo. Cuando Kate se dio cuenta de que aún eran las cuatro de la mañana, gruñó, quejándose: “¿Quién llama a esta hora?”.
Estaba a punto de cancelar la llamada, cuando algo en ella, llámalo una fuerza desconocida, la instó a contestar su teléfono. Cuando deslizó la pantalla de inicio, murmuró: “¿Sabes qué hora es?”.
“Es casi mediodía aquí en París”. Al escuchar esa voz qu