La mañana parecía llegar demasiado pronto para el gusto de Amaris.
Llevaba ya horas despierta antes de que el hermoso lienzo de colores que indicaba que el sol estaba a punto de asomar por el horizonte empezara a aparecer, y se había entretenido trabajando con los diversos montones de papeleo que Eva le había enviado mientras estaba incapacitada por el calor, hasta que se le acabó el trabajo con el que tenía que ponerse al día.
Sentía que se le hacía un nudo en el estómago mientras avanzaba y r