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—¿Un hijo mío? —Garlan contuvo las ganas de soltar un bufido de escepticismo—. ¿Acaso está loca? Acaso eres omega- soltó primero con escepticismo en un aliento de negarse a ese hecho, pero después su rostro se puso serio- ¿Eres entonces omega?

Tobías tenía los labios tan apretados que estaban blancos, y bajó la cabeza, avergonzado por lo que acababa de decir. Decirle aquello era como mencionar, literalmente, tener sexo abiertamente con él y que además no era un simple beta. Ah, quería

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