86

—Alfa.

El llamado vacilante de Milo me sobresaltó mientras cruzaba el Bosque Rojo hacia la aldea, y azucé mi caballo alarmado.

—Aquí estoy. ¿Qué ocurre?

—Ven a rescatarme de tantas mujeres, por favor.

Sofrené al semental riendo por lo bajo. Mi hermano sonaba débil, pero bien despierto.

—Ya, ya. Déjame buscarme algo de cenar e iré a cuidarte un rato.

—Gracias.

—¿Cómo te sientes?

—Bien. La pequeña Luna me evitó una infección o algo así, y

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MaríaNo le va a ser fácil a Mael llegar a Risa!!!!
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