Observo desde la sala a Alfred, quién se veía hermoso con ese traje azul, aunque imagino que se vería mejor sin él, me ruborizo solo con mis pensamientos.
Al parecer notó mi mirada y sonrió al verme, tomó su teléfono y toda esa aura de alegría que llevaba consigo se desvaneció en el aire.
-¡Prepárense para partir!, ordenó a sus hombres, quienes sin demora subieron a la cajonera de la camioneta, Alfred tomó el volante y piso el acelerador a fondo como si el asunto se tratara de vida o muerte, ¿lo