[Punto de vista de Sable]
—¡Tobias! ¡Ni se te ocurra intentar morirte! —dije, presa del pánico. Miré a los guardias—. ¡¿Dónde demonios están la camioneta y el todoterreno?!
Jaxon estaba arrodillado junto a Tobias y a mí. Tobias respiraba de manera rápida y superficial. De pronto, una joven del asentamiento corrió hacia nosotros.
—¡TOBIAS! —gritó—. ¿Qué le ocurrió?
—Lo apuñalaron con un cuchillo de plata impregnado con acónito —respondió Jaxon.
Gruñí por lo bajo.
—¿Y tú quién eres?
—Soy un