Punto de vista: Mia.
El aire inusualmente frío de la noche hizo que los delicados pelos de mi nuca se ercillaran de miedo. Tal vez todo lo que era, era el cambio de estaciones que se acercaba, un sutil engaño psicológico. Tal vez mi subconsciente ya se había dado cuenta de que la traición y el engaño estaban esperando justo al otro lado del horizonte, arrastrando a los zaros de advertencia espectrales a su paso.
Por la razón que sea, los instintos ardían como sinapsis en una tormenta eléctrica,