Íker Denaro
Una semana, una maldita semana llevaba en Italia, y no había día que no despertara con resaca. Estaba cansado, me sentía agotado. Los viajes, las reuniones y la situación en casa no me habían hecho bien, y la presión de los abogados me estaba sobrepasando. Mi padre había partido a Europa, mi hermano se había quedado en Nueva York, mientras que mi primo viajó a Rusia. Él quería ver qué tan quebrado estaba nuestro lazo con Víctor y su familia.
Verona se quedó en Italia, en la casa fami