Íker Denaro
No daba crédito a lo que mis ojos veían. Milenka estaba sentada frente a mí, pasando sus manos protectoramente sobre su vientre, aún plano para mi gusto. Volví a leer los documentos, respiré profundo y me puse de pie. Di vueltas alrededor de mi escritorio, pero mi cabeza amenazaba con explotar. Tomé mi móvil y le pedí prácticamente a toda mi familia que viniera a mi despacho. Luego me quedé observando a la rubia enfrente de mí.
—Vete —declaré, y ella cambió la expresión de su rostro—