Íker Denaro
Algunos días habían pasado desde que hablé con Esmeralda y, aunque me doliera aceptarlo, ella tenía razón; no puedo pretender que mienta cuando se trata de nuestro matrimonio. Ella no lo sabía, creo que ni siquiera se le había pasado por la cabeza casarse en algún momento. Solté un suspiro y seguí revisando mis documentos. A pesar de estar casi al final del año, los negocios no descansan, por eso prefiero estar en mi oficina.
Tengo pendientes varias reuniones. No he querido salir del