Esmeralda
Somnolienta, con un dolor de cabeza que amenazaba con matarme y mucha sed, desperté, extrañamente cómoda, entre los brazos de mi esposo. Cerré los ojos, analizando la situación. Sonreí al recordar que fui yo quien le pidió que se quedara. Después de reprenderme mentalmente, tomé fuerzas y me levanté sin hacer ruido. Me metí en el baño para darme una corta ducha y asearme, sintiendo que el aroma a alcohol impregnaba todo mi ser.
Apenas salí del baño, me volví a acostar a su lado. Con cu