Íker Denaro
Un mes después
La puerta de mi despacho se abrió de par en par. Milenka, evidentemente embarazada, entró sonriente pero algo cansada. Hace poco habíamos ido al médico; ella estaba bien y el bebé también. Su estado era algo delicado, por lo que no podía moverme mucho, ya que el feto se había desarrollado. Aun sabiendo que es una madre negligente, suspiré al recordar que, por indicación médica, no podía realizarle una prueba de ADN. El feto presentaba algunas anomalías y era posible qu