~Especial Miguel~
—¡Podrías dejar de mirarme con esa cara de pervertido! —me grita Angélica, tirándome la blusa en la cara.
Agarra la toalla y se cubre. No se me ocurrió que se estaba vistiendo y entré sin tocar, estaba de espaldas sin nada que la cubriera. Tengo que admitir que la miré más de lo necesario. Está buena.
—¡Eres un enfermo!
Cubre con sus manos sus pechos, aunque ya lleve la toalla puesta.
—Cálmate, tampoco estás tan buena como para mirarte.
—Debiste tocar la puerta —masculla—.