Rebecca observa a Magno, quien sigue en silencio sin dirigirle la palabra. Luego, ella vuelve a hablar.
– Hasta donde sé, el único que fue un imbécil conmigo fue él. Nadie más. Entré esa noche al bar decidida a encontrar al hombre más estúpido que pudiera. – Ella mira a Peter. – Alguien que pasara la noche dándome placer, aprovechando cada centímetro de mi cuerpo. Algo que tu hijo nunca sabrá cómo es, porque nunca me volverá a tocar. Quería a alguien que ni siquiera se molestaría en llamarme al