Nicole, al entrar a su casa, recorre la sala con una elegancia que resalta cada movimiento, quitándose el vestido bajo la mirada atenta del hombre sentado en el sofá, cuyos ojos la siguen en cada paso por la habitación.
– Estás al tanto de que detesto esperar, más aún cuando chicas insolentes como tú me desafían. – Afirma el hombre, levantándose y avanzando hacia ella. – ¿Dónde estabas? – Pregunta, observándola de arriba a abajo y sosteniéndola por el mentón.
– Eso no es asunto tuyo. Hasta dond