MUY BIEN DOMENICO SACA LAS GARRAS POR EL PEQUEÑO ALESSANDRITO, PROTEGELO DE ESA BRUJA
—¡Ya déjalo Doménico! No ves esa sonrisa macabra el imbécil no abrirá la boca — Era Alexander el esposo de Mariana sosteniéndolo del brazo para que dejara de patear al hombre que sangraba en el suelo que, en vez de rogar por su vida, solo sonreía de lado con la sangre esparcida en su rostro.
—¡Este hijo de $%&· se niega a abrir su maldita boca! — Para tomarlo del cuello y empujarlo hasta la pared — ¡Habla imbé