Mientras tanto, a unos metros de distancia, Darío se había sentado en la silla justo al lado de Nuria.
Nuria seguía llorando, apretando un pañuelo entre sus manos, con la mirada clavada en el suelo. Darío no dijo frases hechas ni intentó convencerla de no llorar. Simplemente se acercó a su silla, le