Darío aventó la revista hacia los pies de la cama, llevaba doce días encerrado en esa habitación y la paciencia se le había agotado por completo.
Zulma dejó su bolso en el sillón, se acercó a la camilla con una sonrisa ensayada y se inclinó para besarlo en la boca. Darío giró la cara por puro instin