Ya se estaba moviendo antes de que Cassandra terminara la frase.
No dramáticamente. No con urgencia que pareciera pánico. Con la calidad específica de alguien que había decidido que el tiempo de construir el cuadro había terminado y el tiempo de moverse en la dirección que el cuadro señalaba había comenzado.
La dirección cerca del agua. Seis personas. Los tres hilos de Roberto. El nombre que él le había dado y los siete minutos de información que habían producido tres nuevas direcciones y el co