—Bien —consiguió articular él, con el cuerpo temblándole mientras aplastaba su peso contra ella, con la tela rígida de sus vaqueros actuando como una barrera cruel para el alivio que ansiaba desesperadamente. Quería perderse en ella hasta que el resto del mundo —el ex, el dolor, la distancia— simplemente dejara de existir—. Ojalá me odies lo suficiente como para ponerle fin a esto —siseó contra su piel, apretando el agarre—. Para librarme de esta maldita tortura de desearte. De no poder respira