DEJAR DE RESISTIRSE
[JULIAN]
El silencio en la habitación no es vacío. Está cargado.
Se siente en el aire, en la distancia mínima que nos separa, en la forma en que Elara permanece inmóvil frente a mí como si supiera que cualquier movimiento, por pequeño que sea, va a cambiarlo todo. La luz que entra desde el ventanal cae sobre su perfil con una suavidad engañosa, delineando cada curva de su cuerpo con una precisión que resulta imposible ignorar.
Respira lento.
Pero no es calma.
Es contención.