Los dos siguientes años fue extremadamente duro, había iniciado sus clases de gastronomía, pero aún así había decidido no renunciar a trabajar, aunque Frank le aseguró que mientras duraran sus clases él se encargaría de su parte de los gastos, sin embargo Emely se negó, asegurándo que podía lograrlo. Asistía a clases desde muy temprano hasta media tarde, salía de las clases y una hora más tarde entraba al trabajo, hasta avanzada la noche, Frank iba por ella y la acompañaba hasta la casa.
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