Alexa, entró, encontrándose con Bruno, quién la miró y frunció el ceño.
—¿Por qué estás enojada?— quiso saber.
—Esa niñita. . .— presionó con fuerza la mandíbula.
—¿Qué niña?, ¿De qué hablas?— era obvio que no la comprendía.
—Esa tal Emely, que chiquilla tan desagradable.
—Alexa, Alexa. . .
—Es una mosca muerta, Bruno. ¿No lo ves?, ¡Mateo no lo ve!, ¡Tu madre no lo ve!, ¡Nadie parece verlo!—Parecía frustrada.
—Quizás es porque no hay nada que ver— se encogió de hombros— es absurdo que le tengas