Luciana estaba acostada cómodamente en su habitación, rodeada de colores y hojas con muchos dibujos, cuándo la puerta se abrió de golpe, se levantó rígida al percatarse que se trataba de Alexa.
—Hola, tía. — dijo suavemente.
—Eres una pequeña traidora, Luciana— la miró con desprecio.
—¿Qué?— la niña no comprendía, sus ojos se abrieron enormes.
—Traidora, quiero saber, ¿Cómo es que llega una recién aparecida y tú vas llamándola tía?— la miró fijamente, estaba enojada.
—Yo. . . yo. . . es la novi