MI PRECIOSA NIÑA.
Se estiró desperezándose, abrió los ojos lentamente y sonrió al encontrarse en su cama, en su habitación, en su casa.
Cuánto había extrañado todo aquello, haber vivido en el extranjero tantos años, haber conocido tantas personas, tantas culturas, tantas costumbres, aquello sólo le había servido para apreciar muchísimo más aquella vida casi rural y tranquila que antes llevaba.
Se levantó y se dedicó a asearse para luego encontrarse con su madre.
—Buenos días, cariño— le sido besando su frente.
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