Suya, solo suya..
La noche avanzaba entre una burbujeante copa de champaña y una agradable conversación, Romina ya no estaba tensa, ella se había relajado de a poco, ya no temblaba como cuando pidió a su esposo quedarse en la habitación
El experimentado Nathaniel, la fue llevando al punto donde quería, él podía ser cruel, despiadado, un ser frío, pero esa mujer que tenía frente a él era especial, no solamente por qué era la madre de sus hijos, si no por qué como hombre lo encendía a su límite, la única razón por