Haizea y yo apenas nos hemos visto el día de hoy. Sé que vino a la oficina, que estuvo trabajando en el plan de implementación del sistema de automatización, pero apenas hemos cruzado palabra. Como si eso fuera poco, al llegar a la casa, se ha encerrado en la oficina y se la ha pasado trabajando en su computadora.
Termino de preparar las dos tazas de café, e inmediatamente voy hacia la oficina. Golpeo la puerta, y una vez que escucho su voz, entro y dejo una de las tazas sobre el escritorio.
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